La otra cara de la moneda

Virgen María y Jesucristo 1913

Hoy  vengo a contarles algo de  la vida de Adolfo Hitler más conocido como el “Fuhrer”, pero no la vida que todos conocemos o la que hemos estudiado en la escuela, sino su otra cara.

El joven Adolfo con tan solo 16 años de edad era un joven algo rebelde, mal estudiante, reprobaba todas las materias menos dibujo. Su  padre muy severo con él, le inculco el amor por el dibujo y la arquitectura. 

Unos años más adelante se presentó a la academia de Bellas Artes en Viena convencido de su aptitud. El resultado fue la negativa de las directivas frente a su talento, el cual les parecía mediocre. Al año siguiente se presentó nuevamente con la esperanza de ser admitido, ya que su estilo de pintura y dibujo estaban más perfeccionados. Se llevó una desilusión mucho mayor, porque a pesar de ser un  buen artista no contaba con los estudios suficientes para ingresar a la escuela de Bellas Artes. Esto lo llevo a dedicarse por unos años a vender sus obras en la calle. Se presentó como soldado en la Primera Guerra Mundial  y lucho en el  frente occidental, y desde ahí en adelante conocemos su otra historia.

Sus primeras obras se enfatizaron en los paisajes urbanos y rurales, después de la guerra su percepción de su entorno cambio, sus piezas ya eran desolación, caos y soledad.

Hitler le dijo al embajador británico Nevile Henderson: «Yo soy artista y no político. Una vez que se resuelva la cuestión polaca, quiero terminar mi vida como artista».

Tal vez, solo tal vez,  si le hubiesen dado la oportunidad, la historia de la humanidad sería distinta.

He aquí algunas de sus obras.




1. Viejo edificio entre árboles 1909. 
2. Iglesia de S. Carlos, Viena 1912 
3. Maritime nocturno 1913 

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